Recreas el ahogo de la ultima ocasión
y la tristeza que sin remordimientos me marcó,
empapándome de su amargura.
Vuelves para hacerme descubrir que sigo derrotado,
que no soy nada solo
y que ese lugar especial te pertenece exclusivo.
Regresas, otra vez con el mismo vestido,
desnudando la sonrisa que te llevaste,
devolviéndome la congoja que se fue contigo.
Por mi parte te absorbo, devoro tus bordes
con cuanta picardía mi mirar pueda producir;
reviven mis impulsos libidinosos,
re-acaricio tus formas, saboreo de tu néctar
y te disfruto, entre susurros y suspiros.
Eres propiamente tú la que se plasma,
tú y no el reflejo de tu silueta,
te presentas palpable cual si no fueses sombra,
llena de ti para mi deseo,
caminando de nuevo por mis lugares,
absorta en tu ser de siempre,
sin tener tiempo para mirar que te miro
ni escuchar los latidos de mis angustias
al saberte desvanecible.
Hoy te recuerdo,
igual que cuando me acompañabas,
amando la vida que se eterniza en la muerte,
navegando en deliciosos delirios
donde pasión y lujuria determinan la vida.
Atibias mi pecho con tu tierno calor,
sigues allí, atrapada en el tiempo,
tan fresca como cuando partiste,
amándome todavía,
colmada de vida para compartir...
Daniel Joya




