
Me gustas por pécora, abusiva y tierna,
por todas esas veces que me provocas
y fingiendo reservas accedes a nuestros deseos,
desnudos para nosotros, borrachos de lujuria.
Me excita tenerte cerca y hasta pensarte,
con tus gestos espontáneos y pícaros,
bajo esa mirada proponiendo revoltijo,
otra cálida tarde consumida en un motel,
degustando del vino, mis confidencias,
el jazz rompiendo paso en oscuridad mediana,
y nuestros cuerpos hechos deleite,
satisfacción, desenfreno una y otra vez...
Me encantas, por la forma como te vistes,
lo ajustado de la ropa a tu talla,
sobre tacones solidificando tus pantorrillas
y esas intenciones morbosas evidentes,
capturando de reojo mis virilidad.
Me enloqueces, con esos cabellos
despeinados por mis manos,
queriendo estirarlos con violencia,
al calor de esos momentos nuestros,
los labios secos por mis succiones,
los trapos regados sobre el piso,
oliéndote tus aromas más íntimos,
sintiéndome dentro de ti,
contemplando la plenitud de tus formas,
al yacer rendida ante mis movimientos;
niña inocente jugando a experta,
consumidora de mi fertilidad;
fuego y pasión derritiendo mi cuerpo.
Me conmueves todas las veces
cuando debilitada por los deseos de amar
tomas la almohada y cubres tus pechos,
pretendiendo protección ante mis caricias;
mujer con años recorridos, pero poca escuela,
insegura de tomar la iniciativa,
retando mi ser varonil
para luego lucir des protegida,
melancólica, abusada y satisfecha,
fingiendo la inocencia que me re-excita.
Te sudo en cada partícula de mi piel,
te llevo en mis deseos mordaces,
te busco entre ninfas libidinosas,
me desvelas añorando tus contornos,
te sueño, te aspiro, te evoco, te deseo,
planeo el reencuentro, diseño el ritual,
la ocasión de volver a ser tuyo
Daniel Joya (10/2007)
por todas esas veces que me provocas
y fingiendo reservas accedes a nuestros deseos,
desnudos para nosotros, borrachos de lujuria.
Me excita tenerte cerca y hasta pensarte,
con tus gestos espontáneos y pícaros,
bajo esa mirada proponiendo revoltijo,
otra cálida tarde consumida en un motel,
degustando del vino, mis confidencias,
el jazz rompiendo paso en oscuridad mediana,
y nuestros cuerpos hechos deleite,
satisfacción, desenfreno una y otra vez...
Me encantas, por la forma como te vistes,
lo ajustado de la ropa a tu talla,
sobre tacones solidificando tus pantorrillas
y esas intenciones morbosas evidentes,
capturando de reojo mis virilidad.
Me enloqueces, con esos cabellos
despeinados por mis manos,
queriendo estirarlos con violencia,
al calor de esos momentos nuestros,
los labios secos por mis succiones,
los trapos regados sobre el piso,
oliéndote tus aromas más íntimos,
sintiéndome dentro de ti,
contemplando la plenitud de tus formas,
al yacer rendida ante mis movimientos;
niña inocente jugando a experta,
consumidora de mi fertilidad;
fuego y pasión derritiendo mi cuerpo.
Me conmueves todas las veces
cuando debilitada por los deseos de amar
tomas la almohada y cubres tus pechos,
pretendiendo protección ante mis caricias;
mujer con años recorridos, pero poca escuela,
insegura de tomar la iniciativa,
retando mi ser varonil
para luego lucir des protegida,
melancólica, abusada y satisfecha,
fingiendo la inocencia que me re-excita.
Te sudo en cada partícula de mi piel,
te llevo en mis deseos mordaces,
te busco entre ninfas libidinosas,
me desvelas añorando tus contornos,
te sueño, te aspiro, te evoco, te deseo,
planeo el reencuentro, diseño el ritual,
la ocasión de volver a ser tuyo
Daniel Joya (10/2007)
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